La demanda de smartwatches para mayores se dispara un 114% en España

La tecnología ya no entiende de edad. Y los datos empiezan a demostrarlo: la demanda de smartwatches para personas mayores se ha disparado un 114,4% en España durante el último año, según datos de SaveFamily. Un crecimiento que refleja cómo estos dispositivos comienzan a hacerse un hueco entre una generación que busca en la tecnología algo más que estar conectada: mayor autonomía, seguridad y herramientas para mantenerse activa durante más tiempo.

El crecimiento de la demanda concurre con una pirámide poblacional cada vez más envejecida en España: el 21,1% de su población tiene ya 65 años o más, según los últimos datos del INE, y el peso de esta generación seguirá creciendo. En este contexto y teniendo cerca aún la celebración este pasado 1 de octubre del Día Internacional de las Personas de Edad, el reto ya no es únicamente vivir más años, sino hacerlo con mayor autonomía y calidad de vida, y ahí la tecnología juega un papel cada vez más relevante.

La tecnología comienza así a encontrar un nuevo espacio entre una generación que tradicionalmente había quedado más alejada de los dispositivos digitales. Si durante años la principal preocupación de las familias fue mantener el contacto con sus familiares mayores, ahora se añaden otros factores: favorecer su autonomía, disponer de herramientas de seguridad ante una emergencia y fomentar una vida más activa.

“Estamos centrados en desarrollar soluciones que apoyen a las familias independientemente de la edad de sus miembros. Estamos observando que el envejecimiento activo y la autonomía son cada vez más importantes. Por eso seguimos innovando con especial atención a las personas mayores que pueden encontrarse más aisladas, pero también desarrollando herramientas sencillas y adaptadas a sus necesidades”, explica Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily.

De contar pasos a pedir ayuda tras una caída

La evolución de estos dispositivos explica su crecimiento entre los usuarios de más edad. Los relojes inteligentes han dejado de servir únicamente para consultar la hora, recibir notificaciones o contar pasos. En los modelos dirigidos específicamente a mayores, el interés se concentra en funciones relacionadas con seguridad, localización y seguimiento de la actividad cotidiana.

Entre ellas se encuentran la detección de caídas y el aviso a familiares, el botón SOS para solicitar ayuda o la geolocalización. Estas herramientas pueden facilitar el contacto con la familia ante una situación inesperada y reducir el tiempo necesario para localizar a la persona.

Su utilidad no se limita, además, a quienes viven aislados o lejos de sus familiares. Una caída, una desorientación o cualquier otro imprevisto puede producirse también cuando la familia reside cerca, pero no se encuentra físicamente con la persona en ese momento.

A estas funciones se suman herramientas destinadas a acompañar las rutinas diarias, como los avisos de medicación, recordatorios frente al sedentarismo, registro de pasos y actividad o mediciones disponibles en determinados dispositivos, como frecuencia cardiaca, tensión arterial u oxígeno en sangre. Estos datos pueden servir como información de seguimiento y compartirse con familiares, cuidadores o profesionales sanitarios, sin sustituir en ningún caso una valoración médica.

Tecnología para una España que envejece

El auge de estos dispositivos se produce mientras España avanza hacia una estructura demográfica cada vez más envejecida. Según las proyecciones publicadas por el INE en 2026, las personas de 65 años o más, si se mantienen las tendencias demográficas, llegarían a alcanzar un máximo del 30,9% en 2076.

En ese escenario, la tecnología dirigida a las personas mayores deja de ser un nicho para convertirse en un ámbito con un peso creciente. El reto está en que esa digitalización no añada nuevas barreras, sino que contribuya a prolongar la autonomía y facilite que las personas mayores continúen conectadas con su entorno con una vida más activa.

El pasado Día Internacional de las Personas de Edad, que Naciones Unidas celebra cada 1 de octubre, pone precisamente el foco en la necesidad de construir sociedades en las que las personas puedan mantener su participación, seguridad y bienestar a medida que envejecen.

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